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OFF THE CUFF
ArchiveMessageEvery man is more than just himself
This is the story about a man who died twice.
Hola, acabo de nacer
michmerlina

Hola, acabo de nacer

michmerlina

nobigstory:

THE VELVET UNDERGROUND - 1966
Lou Reed, John Cale and Sterling Morrison at the Factory

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THE VELVET UNDERGROUND - 1966

Lou Reed, John Cale and Sterling Morrison at the Factory

(via i-am-sound)

(via pr0meteus)

(via a-t-a-m)

urban-eskimo:

Time for the Witchcraft …is coming…

Source: northfalls

Nieve de zapote en el día más caluroso de verano

Al parecer era el día más caluroso del verano, el calor y el sol eran impresionantes. Tuve que detener mi auto en la nevería más cercana. Esa que llevaba décadas en el mismo lugar y siempre nos preguntábamos como sobrevivía. Era un local algo extraño, constaba de una gran escalinata e unos veinticinco escalones que iban de la calle a la barra, donde una joven te atendía, y a partir de esta el local se convertía en una caverna de botes metalizados llenos de nieve o helado.

Desde que me acercaba por la calle vi que la fila era enorme, pero la resequedad en mi boca y el calor en mi cabeza eran más que grandes que mi intenso odio a las filas y las multitudes. El calor parecía haber transformado a la nevería en un tipo de carnaval de enojo y alivio. Los que por fin obtenían su nieve reían y platicaban, mientras los que nos formábamos detestábamos cada segundo de esta fiesta.

Faltaban dos personas para que fuera mi turno cuando oí voces alteradas frente a mi. La chica le informaba al cliente que los sabores de limón, mango y guanábana estaban agotados. El rumor se fue pasando por la multitud y se armó un gran barullo de desacuerdo y decepción mientras la gente bajaba la escalinata del local.

Incrédulo decidí hacer un último intento, me acerque a la barra y le pregunte a la muchacha: “¿De verdad ya no tienes de limón?”. “No, perdón se acabó”, me contestó con una cara que denotaba miedo a mi reacción ante tan desastrosa noticia. “¿Te puedo pedir un favor? Me puedes servir un vaso del sabor más refrescante que te quede?” La joven asintió y se alejó entre el montonal de botes de metal. Baje unos cuantos escalones para esperar a la chica y me puse a observar la fiesta que había acabado abruptamente.

Unos minutos después vi venir a la chica de los helados con una nieve casi color negra. Creo debió haber visto mi cara de disgusto por más que trate de esconderla ya que cuando llegó a mi me dijo: “Pruébala, de verdad sabe bien”. El zapote siempre había sido un sabor con un estigma muy grande en mi cabeza. Tomé la cuchara y lo probé con desdeño, fue como romper una maldición milenaria que pronto descubres que fue inventada. Su sabor realmente era aceptable.

Estaba a punto de expresar mi gratitud cuando escuche a mi derecha: “¿Por que le das eso a mi amigo?”, voltee y vi a Toño, mi gran amigo de la adolescencia, con el cual había pasado algunos de los mejores y peores ratos de mi vida. Me sorprendí mucho al verlo, tenía rato de no verlo, yo creo entre dos y tres años. Bajamos la escalinata entre la gente platicando entrecortadamente esquivando a la gente que subía.

Llegando a la calle nos detuvimos un rato y nos hicimos las preguntas básicas. ¿Como has estado? ¿Como esta tu familia? ¿Tu hermano? Etc. Después de unos minutos la situación se estaba tornando incomoda par a los dos, por suerte alguien se acercó y dijo “¿Alguien quiere un poco de mi nieve de limón?”. Era Chela, nuestra excelente compañera de fiestas, dramas, alcohol y sábados de ociosidad. Sin decir nada tome su vaso y le di el mio sabor zapote, esperando que peleará conmigo como tantas veces lo había hecho antes, pero no fue así, solo me sonrío y dejo que me terminará el resto de la nieve de limón. Antes de que Toño o yo pudiéramos preguntarle que hacía allí, nos dijo “Vengan!” y señalo hacia la zona donde se encontraba un poste, donde estaban Chris, Katia y Saúl. Nos acercamos y nos recibieron con grandes sonrisas, en ese momento sentimos como si no hubiera pasado el tiempo, volvíamos a ser esos jóvenes de dieciocho años queriéndose comer al mundo y cualquier droga que se encontrarán en él. Platicábamos, no importaba de que, lo importante es que reíamos como hace mucho no lo hacíamos. Hablamos del pasado como si hubiera sido la noche anterior. Katia con todo lo que quedaba de su actitud jovial y errante dijo “Chicos les quería dar las gracias por dejarme meter las manos en sus bolsillos,  en sus playeras y en sus pantalones”. Todos reímos por que era una verdad de la que en este momento nos podíamos reír. Toño entre risas dijo “Katia espero que algún día madures” y al mismo tiempo y entre risas yo dije “Ojala nunca madures Katia”, todos volvimos a reír.

Estoy seguro que mientras reíamos todos escuchábamos en nuestras cabezas esa canción, que había sido la banda sonora de tantos momentos de nuestra adolescencia. Después de un rato de contar historias, nos abrazamos sin despedirnos y nos alejamos al mismo tiempo cada quién por su lado. Camine hacia atrás y Toño también, nos abrazamos y nos fuimos cada quién por su camino.

José Fresán    07/09/14

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What’s in there? Only what you take with you. 

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